ORIGEN Y RAIZ HISTORICA

El ARI llega a octubre de 2004 para terminar de nacer. El 30 quedará como la fecha definitiva del proceso de normalización partidaria. Son tres años los que pasaron desde que, reunidos en La Emilia, en el Partido de San Nicolás en la provincia de Buenos Aires, centenares de mujeres y hombres de todo el país decidieron alumbrar este partido cuyo destino es el de ser un espacio de mayorías.


Pero la génesis del ARI no sólo hay que verla en aquel encuentro, sino también en las raíces históricas de un pueblo que subterráneamente va construyendo verdad y justicia. Nuestro partido se reconoce heredero de esa lucha, así como también de los líderes populares que en diferentes momentos de nuestra historia la encabezaron, con triunfos pero, sobre todo, con muchas derrotas, sin abandonar nunca la fortaleza que da la dignidad. La única que permite construir en la adversidad.


Leandro Alem, Alfredo Palacios, Lisandro de la Torre, Eva Perón y Alfredo Bravo, son algunos de los referentes que, desde la coherencia, han marcado el camino que elegimos recorrer.

Son todos hombres y mujeres que no accedieron a la presidencia pero que abrieron los caminos de construcciones distintas. A todos ellos se les dijo “utópicos”, a todos ellos se les dijo “moralistas”, pero fueron los que edificaron en serio la conciencia colectiva de nuestro país. Decía Leandro Alem: “Nuestra visión no es una visión electoral, transitoria, hemos lanzado un desafío a un sistema, a toda una época”.


Un partido que reconoce el liderazgo en una mujer, no podría no sentirse tributario de la mujer más importante del siglo XX en la Argentina, como es Evita. Ella, desde la dignidad de su lucha nos insta a “que pensemos que la justicia y la libertad no nos la va a dar nadie, sino que debemos conquistarlas cada uno y todos nosotros”. Un partido cuya matriz de nacimiento fue también la lucha frontal contra la corrupción y la connivencia empresaria y política para vaciar al Estado no puede dejar de reivindicar la investigación y la denuncia que en el desierto hizo Lisandro de la Torre.


Al líder del Partido Socialista, Alfredo Palacios, también lo acompañó la soledad, pero firme en sus convicciones dijo: “durante toda mi vida he bregado por la realización de las reformas sociales, es que no hay patria sin justicia. Mientras los niños pobres viven en hogares angustiados, nada tienen que hacer las declaraciones sonoras pero vacías, de los economistas bien alimentados”.


En nombre de estos líderes. En nombre de la memoria histórica de un pueblo humillado fue que un grupo de diputados disidentes de la Alianza que gobernó el país a partir del 10 de diciembre de 1999, comenzó a levantar la voz contra la traición que a los pocos meses de asumir Fernando de la Rúa se empezó a ejecutar.


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